¿LA OTRA MEJILLA?
La verdad sobre "poner la otra mejilla"
En innumerables ocasiones hemos malentendido los textos bíblicos, ya que el contexto en el momento en el que fueron escritos es totalmente diferente al actual y éste en particular se ha prestado para que los hermanos separados, no creyentes, ateos, etc. traten de abusar o ponernos contra la pared, exigiendo a los católicos informados,formados y comprometidos una malentendida humildad que se encuentra en la delgada raya de permitir la humillación. Nos enseñaron que poner la otra mejilla significa tener una actitud sumisa ante la injusticia. Pero eso es una mentira. La verdadera enseñanza de Jesús es una estrategia de resistencia y una forma de desafiar el sistema opresivo.
En la biblia, la mano derecha es un símbolo positivo que denota poder, autoridad y favor divino. Era considerada especialmente honorable y significativa.
Pero en la época de Jesús, las cachetadas se daban con el "dorso de la mano derecha". La intención no era herir o lastimar, sino humillar y sobajar al otro, haciendo que se sintiera inferior. Golpear con el dorso de la mano era un acto de desprecio y humillación.
Jesús invita a que, si alguien nos da una cachetada, pongamos la otra mejilla para ocultar nuestra MEJILLA DERECHA y obligar al agresor a usar la PALMA DE SU MANO.
Ser golpeado con la palma, en contraste con el dorso, llevaba consigo una connotación de respeto y de poner al oponente al mismo nivel.
Jesús al instruir a poner la otra mejilla, sugiere un desafío simbólico al agresor para reconsiderar su actitud y tratar a la persona con mayor dignidad.
Al ofrecer la otra mejilla, la persona no invita a más violencia, sino que desafía al agresor a reconocer su humanidad y tratarlo como un igual.
Esta acción no implica aceptación pasiva de la agresión, sino un intento de restaurar la dignidad propia y desafiar al agresor a reconocer la humanidad compartida, nivelando el terreno y superando la dinámica de superioridad e inferioridad.
Entonces, "Poner la otra mejilla" desafía al agresor a enfrentar las consecuencias de su violencia y cuestionar la lógica de la opresión. Al hacerlo, la persona que ofrece la otra mejilla se posiciona como un ser humano digno de respeto y no como un objeto de abuso.
En resumen, no se trata de ser sumiso, sino de responder a la violencia con un acto que desarme simbólicamente. En este contexto, poner la otra mejilla implica una estrategia de resistencia no violenta y un desafío al sistema opresivo. No es una actitud pasiva y sumisa, sino una forma valiente de enfrentar la violencia y la injusticia.

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